CARTA PARA ANDORRA.
TRES MESES Y MEDIO EN MANHATTAN
He resistido la tentación de escribirte y de recordarte. Desde esta mañana que tuve la posibilidad de percibir en tu voz el sentido de tus palabras. Te resumo lo que necesitaría horas de conversación acompañada de inflexiones y gesticulaciones persuasivas.
He resistido la tentación de escribirte y de recordarte. Desde esta mañana que tuve la posibilidad de percibir en tu voz el sentido de tus palabras. Te resumo lo que necesitaría horas de conversación acompañada de inflexiones y gesticulaciones persuasivas.
A estas alturas después de muchos meses tu llamada me
perturba, había conseguido una tregua en ese afán casi diario de evocarte, y
hoy, precisamente hoy de madrugada mi teléfono gris se encargo de despertarme,
eras tú y la bendita costumbre de convertirme en insomne.
Después solo atiné a recordarte, a evocar esos breves
momentos de conocernos en aquel instituto español, habíamos coincidido en la
conferencia sobre la guerra civil española.
La puntualidad fue nuestra mayor virtud aquella tarde,
fuimos los primeros en llegar y disfrutamos algunos minutos para conocernos,
luego el auditorio se lleno completamente. Al final de la reunión el Starbucks
Coffee fue cómplice de una larga tertulia. Me sorprendiste gratamente por
tus conocimientos de la gran Cultura Inca y por haber interactuado con los Uros
y sus islas de totora en el Lago Titicaca: que privilegio.




