lunes, 15 de septiembre de 2014

ESTACION 74/ROOSEVELT AVE.



ESTACION 74. ROOSEVELT AVE.

Las estaciones del metro resguardadas por policías ad portas del 11 de septiembre, las revisiones son cada vez más minuciosas y el perfil racial es relevante para estos menesteres. En el trayecto avisos de reparaciones presentes y futuras de rieles, infraestructura, asimismo, de eventos de temporada en la gran manzana, y lo más relevante, solicitando al usuario apoyo por cualquier eventualidad terrorista.
 -Próxima estación: 74 Roosevelt. Atención, atención, si ve algo, diga algo… al salir tengan cuidado de no introducir el pie entre el vagón y el andén. Se escucha por los parlante del vagón.

En pleno verano el aire acondicionado está en su máxima expresión, un crisol de voluntades de todos los colores cómplices del ambiente cargado de sudores y olores. Pasajeros solitarios durmiendo, algunos con la mirada perdida, otros conversando en diferentes idiomas; muchos impacientes por la demora de los trenes.
  "Buff, a ver si llegamos ya de una vez, que asco de tren. Una voz anónima resuena en medio del tumulto.
¿Cómo puede apestar tanto a sudor?
Es la hora pico. Traseros presionados contra la barra metálica.
Mis manos están encogidas de forma que no son capaces ni de poner el periódico gratuito frente a mis ojos; estiro mi cuello lo más posible para no respirar el olor a fritura que desprende alguien a mí derecha.
 No, definitivamente ésta no es la postura favorita para ninguno. Una señora octogenaria me toca la espalda y con voz imperativa me pide que me aparte y a su vez pregunta que si bajo en la siguiente.

 - Si, señora, sí, ya me aparto. Espere que lo intente. No, no salgo en la siguiente, ojala...


"Y que todas las tardes sea igual. Pareciera que vamos como borregos a un matadero. Si pudiera irme aunque solo fuera por un mes a una isla desierta, sin tener que soportar los empujones, las colas, el calor y la humedad de la calle, el agobio del transporte...Allí sí que sería feliz. Nadie que me presionase con entregas, prisas, ruido. Nadie gritando ni empujando. Nadie."

     -  ¿Y ahora qué pasa?
 Grita alguien, al pararse el tren por enésima vez entre dos estaciones.
    
 -  Otra vez las obras, como siempre. Menuda desesperación - contesta un señor, con la voz enfadada.

“Debería dejar de fumar, señor, o al menos no echarme su aliento de cenicero”. Pienso…
Tengo unas ganas de llegar a casa y tumbarme en la cama a ver televisión. Vaya día de mier...
Si al menos la señora de enfrente dejase de meterme la piedra que tiene por bolso en la entrepierna."

     -  Atención, señoras y señores. Por obras de mantenimiento y mejoras de la red, el servicio de trenes se encuentra interrumpido por un tiempo estimado en más de quince minutos. Rogamos disculpen las molestias. Muchas gracias. Resuena la voz del conductor.

Por fin mi estación…
"Lo que me faltaba para redondear el día. Andando a casa bajo la lluvia y justo ahora todo el mundo ha decidido dar un refrescante paseo".

     -  Cuidado por donde anda, no, no va a ser como la acupuntura recibir el pinchazo de un paraguas en plena cara.
     -  Lo siento, señor, me han empujado.

"En fin, iré por la otra acera para intentar que no me pisen, de paso entro al “SUBWAY” a comprarme alguna cosa para cenar que sólo me faltaba hoy meterme a la cocina. Estoy cansado de la ensalada de fruta y del pollo al horno, debería acercarme un día de estos a New Jersey por casa de mi hermana, a ver si puedo comer algo consistente, que hace semanas que no la veo.
Ya ni recuerdo el sabor de un buen lomo saltado, made for Tereza. La próxima semana sin falta intentaré ir.

     -  Son siete cincuenta, señor.
     -  Tome, gracias.

Cara…coles, siete cincuenta por un exiguo sándwich de pollo. No sé a donde iré a parar con estos mis bolsillos descalzos como diría un buen anónimo amigo. Este sistema neoyorquino te vuelve loco.
Que ganas de dejarlo todo y olvidarme...

"Bueno, menos mal que ya llego a casa y puedo estar más tranquilo. Creo que debería hacer limpieza este fin de semana. Mi pequeño apartamento lo necesita a gritos. Ahora no me apetece hacer nada. Cenaré el sándwich, una copa de vino, leeré el envio de mi taller, veré las noticias de las diez, al menos con la tele encendida no parece tan vacío este cuarto, ni se siente la soledad. Definitivamente fue un día de miercoles. Bueno así son las cosas por aquí. Ojala esta noche pueda dormir"...
                                                                                                                                            
                                Arturo Ruiz-Sánchez/PEDAZOS DE TIEMPO 
                                               
                                     www.arturoruiz-sanchez.blogspot.com
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