jueves, 7 de febrero de 2013

MI AMIGO, EL "NEGRO" CRISTOBAL


 Aparecían los rayos del sol entre las persianas, las ventanas dejaban pasar la luz del alba. Repicaban las siete campanadas de la iglesia de la esquina del barrio italiano, que más parecía un barrio latino. La luz del día se hacia notar lentamente y  los habitantes del lugar despertaban  con una frialdad de ánimo, desabridos como el invierno. Los tañidos de la campana, casi deslizaban hacia afuera a los vecinos del sector. Ellos detestaban eso. Daba lo mismo; entonces, comenzaba la mañana para todos, incluyendo el de: José Luis Martínez.

-! Es hora, si no te das prisa vas a llegar tarde a clases otra vez!-
Era la voz de la madre, imperativa como siempre, la dueña de su vida hasta ayer.
- Ya voy, déjame un ratito más.- Se dejaba oír una voz imprecisa debajo de la frazada mientras sus pensamientos repasaban la discusión de anoche.
- “Yo no quería venir a este país de mier…, siempre extraño a mis amigos. Recuerdo mucho a la abuela cuando me preparaba mis frijoles volteados con carne asada, ella si era buena onda, me dejaba dormir hasta cuando yo quería; y que no me hablen de mi padre, el no merece siguiera que le recordemos…
 Mi madre es la mejor, sí ya sé que me alimentó y cuidó sola, además todo lo que hizo por mí, no fue fácil, pero ¿Quién se cree que es?
Ya no soy un niño, me siento grande, soy todo un hombre, sé lo que es bueno para mí y tomo mis propias decisiones, cumplí 14. La odio, no me dejó salir con…, como ella dice, mis malas compañías. Que sabe ella.
Bueno hasta que no cumpla los dieciocho años de edad tengo que tolerarla. Iré camino a la escuela y estoy tan extenuado de tanta mier… que no sé ni para qué voy, total, no estudié nada.
Además estoy muy contrariado con la vieja. Ayer sentía que me ardía el corazón y me quemaban los pensamientos. Creo que quería ahorcarla, grité, insulté, lloré y dije las mayores frases desatinadas y atroces que se puedan decir al ser que nos dio la vida, disparates que luego me causaron un profundo dolor de cabeza, hasta que al final no sé cómo me dormí... Pero, extraño “weed” “bud” vaya nombrecitos que vengo a usar en gringolandia; porque no le dicen como en mi país: mota, hierba, porro, merca.
 Me inicié compartiendo un “Blunt” (pito) con mis “niggas” panas, corillo, amigos; y ya está, me olvidaba de todo, de la escuela, de mi puto padre, del mundo, y la pasaba excelente.
Comer o no comer, no importaba, pero me desesperaba, casi  moría por una sola pitada, echaba de menos el olor, el humo del pitillo que me ayudaba a no pensar en todo lo que detestaba, a olvidar todos los problemas.
Ya no quiero meditar… “meditar”, usa otros sinónimos, como decía el boludo del tío Adriano, que siempre estaba enseñándome a hablar con propiedad, según él, pero para que cojones aprender español, si siempre en la escuela me obligan a hablar inglés, y me jode confundirme, ni siguiera me acostumbro con el Spanglish, que carajo, siempre diré  pensar; ¿pensar para qué? pensando no voy a conseguirle “moni”, “guap”, “bread”, plata a mi vieja, ni voy a hacer que mi puto “progenitor”  vuelva a casa (en ocasiones sigo el ejemplo del boludo de mi tío)  aunque mi madre haría aguas menores si lo viera regresar. Pero aunque me digan estúpido creo que demostraré a medio mundo que no soy ningún retrasado para destrozarme la vida entera; cuando yo quiera dejo de fumar, dejo el puto vicio...Y ya está.
De pronto ella tiene razón, ¿Y si lo que dice es verdad? ¿Que la marihuana te introduce en un laberinto, de donde es casi imposible escapar?
 Bueno, contra viento y marea lleg al cole. Estaba en la clase de historia y el profe “scurry” ese individuo me incrustó la mirada, sentí el reproche de estar usurpando su territorio y su cultura, ese sujeto me la tenía jurada, tuve la certeza de que advirtió que mi cuerpo estaba allí y mi mente andaba  por otro lado, volando, discurriendo entre las musarañas.
Justo me miró, siempre sucedía, se le ocurrió preguntarme de la clase anterior.
-No, no estudié nada, ¿y qué?- Escuché las palabras que salían de mi boca.
La voz fuerte y bronca de “scurry” sonó intimidante y afligido:- “La próxima semana es el examen y más te vale que  madures, que estudies y seas responsable”-
Sus palabras me indignaron y pregunté: ¿Qué dijo? Se cree que soy una manzana verde o tal vez una naranja, y además ¿De qué responsabilidad me hablaba?
¿Para qué y por qué tengo que estudiar… no nací para eso?
En esos instantes sonó el timbre del recreo, vaya por fin la fortuna me sonrió, “pensé en algún momento que eso que llaman suerte no era para mí”. Me pareció raro caminar por “la soda” (el comedor de la escuela) y no ver al negro; él siempre solía estar por allí. Mi mochila pesaba toneladas en mi pobre espalda y mi bici me tentaba sobremanera como invitándome a salir,  además me causaba extrañeza la falta de mi amigo. Ya está, me escapé y ni el vigilante se dio cuenta o ¿Será que lo tenía sometido o entregado a mi voluntad? Cuando estuve en la calle, me pregunté: ¿y ahora, adónde voy? A casa no, es temprano y la vieja constantemente me controlaba hasta los horarios.
Decidí ir a buscar a mi “nigga” y luego iría al parque Cristóbal Columbus en esa calle Christine, de la pequeña ciudad de Elizabeth, allí siempre había amigos fumando y además mi bici ya iba  solita... El negro siempre tenía ideas geniales, pero  seguro que se había quedado durmiendo y cuando dormía ni a palos lo levantaban. Bueno algo se me ocurriría.
Cuando llegué a casa del negro me sorprendió ver el camión de los bomberos, la ambulancia, carros de la policía y muchos curiosos. En la absoluta incomprensión de lo que sucedía, me preguntaba: ¿Qué es eso? ¿Qué pasa? ¿Por qué hay tanta gente? Y la poli?, mejor miro de lejos...
Preguntaba a los curiosos que pasaban por mi lado: “decían que un chico se había colgado de la rama de un árbol de la “yarda” de una casa”. ¿Quién seria?..  No sé en que momento empecé a presentir algo malo para mí. Me acerqué un poco más al tumulto y quise subir a un árbol en plena calle, desde las alturas pensé observar mejor de quien se trataba…
Efectivamente, mi presentimiento fue confirmado, vi a mi “pana” inerte, colgado, con la lengua afuera, mirando irónicamente la hierba húmeda, arrodillada junto a él, su madre lloraba desconsolada, mi corazón latió dolorido. No quise ni podía hablar con nadie, huí abatido,  el pecho me explotaba en las sienes y el aire de mis pulmones apenas me daba para pedalear. Aún no sé como llegué, ni donde dejé mi bici, entré a casa raudamente con dirección a mi habitación, cerré la ventana, corrí las cortinas y lloré rabiosamente...
 - Negro, tú sabias que siempre nos contábamos todo, nunca te dejé solo.-
-¿Por qué no me avisaste pedazo de boludo?-
-Si claro, que me ibas a avisar-
-¿Será que me sacaste la lengua como una broma de despedida?-
-¿O que la mirada de tus ojos salidos son un semáforo en rojo que me dejaste de regalo?
Recuerdo claramente lo que te dije sollozando:
-Está bien negro Cristóbal Rodríguez, entendí tu mensaje, somos amigos hasta el final. Te fuiste sin despedirte como tú querías, te entierro a ti y a la hierba. Algún día te contaré la vida que viví, por ti y por mí. ¿Será mejor, será peor? Yo que sé.                                                                           
                                                           Arturo Ruiz-Sanchez/PEDAZOS DE TIEMPO