lunes, 4 de febrero de 2013

LA SELVA PRIVADA

"Continué la marcha y al pasar por la única casona de la cuadra que no representaba lugar público, escuché un maullido descomunal que provenía del interior, giré la cabeza hacia la derecha y me sorprendió que saliera de los arbustos, un enorme perro gris, un gran danés que se aproximaba hacia mi, me quedé sin decir palabra alguna. Cuando lo tuve a poca distancia pude distinguir que no era un perro, sino un enorme  gato, muy raro, dado su tamaño, gigante, con unos ojos tan amarillos y relucientes que parecían dos pequeños focos muy potentes. Me pegué el susto de la vida,  desde siempre le he tenido terror a los gatos.  Sorpresivamente al estar cerca de mí, lejos de sentir la amenaza de una fiera, percibí la ternura de un minino domesticado"