martes, 15 de julio de 2014

CARTA PARA ANDORRA


 
 CARTA PARA ANDORRA.
TRES MESES Y MEDIO EN MANHATTAN

He resistido la tentación de escribirte y de recordarte. Desde esta mañana que tuve la posibilidad de percibir en tu voz el sentido de tus palabras. Te resumo lo que necesitaría horas de conversación acompañada de inflexiones y gesticulaciones persuasivas.

A estas alturas después de muchos meses tu llamada me perturba, había conseguido una tregua en ese afán casi diario de evocarte, y hoy, precisamente hoy de madrugada mi teléfono gris se encargo de despertarme, eras tú y la bendita costumbre de convertirme en insomne.
Después solo atiné a recordarte, a evocar esos breves momentos de conocernos en aquel instituto español, habíamos coincidido en la conferencia sobre la guerra civil española.
                         
La puntualidad fue nuestra mayor virtud aquella tarde, fuimos los primeros en llegar y disfrutamos algunos minutos para conocernos, luego el auditorio se lleno completamente. Al final de la reunión el Starbucks Coffee fue cómplice de una larga tertulia. Me sorprendiste gratamente por tus conocimientos de la gran Cultura Inca y por haber interactuado con los Uros y sus islas de totora en el Lago Titicaca: que privilegio.

Contigo aprendí algo del flamenco mi hermosa bailadora y me interesó conocer la historia de tu pequeño país, el Principado de Andorra. Hablaste de Andorra La Vella, ciudad que había escuchado vagamente en mi clase de geografía; y me sentí pecador por ignorante.

Las calles de Manhattan y sus laberintos desde la 49 a la 52 aun conservan tu recuerdo. Fueron algunos días, suficientes para descubrir lo que sentíamos. Aceptamos con agrado todo. Decidiste conocer mi pequeño apartamento de Astoria, (aunque suene cursi,  tengo licencia para serlo), fue nuestro nido de amor.

Bella bailadora, aún recuerdo esa cálida curiosidad que se apoderó de nosotros, naufragábamos en la comprensión por primera vez de sensaciones de poseernos, bebí de tu fuente los sentimientos más íntimos y percibí el encanto de aquel momento intercambiando caricias, emociones…

Mi bailadora, la felicidad es breve, es momentánea, no se sabe cuánto dura, en esta circunstancia de ensueños y sombras, la felicidad es fugaz, una excepción sin contraste.

 Siempre fuimos conscientes de la singular forma de conocernos, también, de esta entrega sin condiciones y que este punto de encuentro, terminaría.
Mientras tanto nos sumergíamos en ese vértigo de sensaciones para olvidar, para aislarnos de la realidad.

Fueron aquellas semanas en que vivimos tratando de adivinar nuestros pensamientos, construyendo un mundo singular donde todo estaba permitido, incluyendo infringir leyes, terrenales y divinas.

En el ínterin de nuestra locura, la cordura tocaba nuestras puertas, reflexionábamos sobre los sentimientos, la imaginación, la conciencia. Gozábamos con la voz incomparable y operística de Luciano Pavarotti, de Andrea Bocelli.

 Mientras nos deleitábamos con las agradables notas, decías:
"Quien no lleva música en sí mismo, ni se emociona con los sonidos ni con las fascinantes letras es propenso a caer fácilmente en el límite de la información y la insinuación que incitan a cometer los más grandes errores de la vida".

Aún recuerdo aquel martes gris que decidiste no regresar, me dejaste un contundente mensaje de texto en el móvil: “Adiós, no me esperes mas”

 Fue incomprensible tu actitud, días antes estuviste maravillosa. Aquella noche al regresar a casa sentí la gélida sensación del aislamiento, nuestra cama aún conservaba la tibieza de las sábanas, la cercanía de tu presencia, de tu esencia, de tu olor.

 Desde aquella vez te inventaba, te formaba, te acariciaba como tantas noches; aún volaba por esos reinos que explorábamos a lo largo de esos meses compartidos: intensos, dulces, apasionados, reflexivos.
Por muchos días esos recuerdos fueron para mí una fuente de consuelo y de vida. Situaciones que algunas noches vuelvo a beber con la memoria para llenar tu ausencia.

Bailadora, tu llamada despertó en mi pensamientos que revientan en mi cabeza como burbujas de agua hirviendo que me permite aprender que esta vida es inesperada e imaginativa. 

Deseo que estés tranquila, que tengas la seguridad que nunca me sentí mal por nuestra furtiva relación, ni me arrepiento de ello, que soy sincero en todo lo que dije y cualesquiera sean las eventualidades del futuro siempre seremos amigos incondicionales, con la prerrogativa de una complicidad maravillosa.

"El amor es una flor que florece en cualquier alma y bendice a quien da y a aquellos que reciben".

Mi bella bailadora sé feliz hoy y siempre, goza el privilegio de tener una familia: tu marido e hijo.
Gracias por lo que me diste, las alegrías, las nostalgias, las ilusiones… y estas sensaciones...
El dulce fuego que abraza sin quemar, el del amor y deseo unidos. Éxitos.
                                 
Arturo Ruiz-Sánchez/PEDAZOS DE TIEMPO