martes, 11 de noviembre de 2014

COLOR DEL PACÍFICO COLOMBIANO



Color del Pacífico colombiano

Elizabeth Arias, a través de los años interactuó íntimamente con la zona del Pacifico colombiano de sorprendente riqueza ecológica, hidrográfica, minera y forestal; zona donde percibe al instante el azulísimo color del cielo unido por el mar a través del horizonte; lugar donde se dibuja inevitablemente la exuberante selva verde que parece tener un resplandor en colores naranja que le da vida.
Las palmeras, las plantas de plátano, los helechos y esa vegetación tan apretada deja apreciar la naturaleza en plenitud, y como perenne resguardo surge el maravilloso panorama de esa región húmeda rociando sus orillas por las espumantes aguas del océano bañadas por sus ríos de aguas tranquilas, algunas veces caudalosas, profundas; además, destacan las cascadas, las ensenadas, los bosques tropicales; de pronto como por encanto de la madre natura brotan sus playas cubiertas por arena gruesa y en ciertas partes rocosas cuyos colores matizados le dan tonalidades de gris oscuro.
Privilegiándose de extensos litorales muy cerca a ellos las casas del poblador de la zona, de ladrillo, preponderando sus colores típicos. Asimismo, es importante resaltar a su gente alegre, ataviados de ropa ligera a veces descalzos, de trato cálido, sencillo y hospitalario; a pesar del abandono en que viven, esas condiciones adversas parecen irrelevantes dado que siempre están dispuestos a la aventura y al goce de este grandioso regalo que el hábitat les consagra: La riqueza de La Flora y la Fauna de esta zona del Pacifico. Lo más esencial para la autora, resaltar la belleza de la flor nacional de Colombia: La Orquídea.


Hasta hoy permanece en los archivos de su memoria aquellos días de la infancia que fueron imperecederos y las huellas quedaron grabadas con tinta indeleble, de tal manera, que la llenan de nostalgia al evocar aquella vez que tuvo la prerrogativa de pisar la tierra que vio nacer a su querida madre: El Puerto de Tumaco, conocida como “La Perla del Pacifico”. Lugar que la transporta a sus años maravillosos y que siempre enfatiza: “cómo olvidar ese aroma a tierra mojada; cómo no recordar a su abuela materna quien la engreía cantándole música andina y transferirle relatos de hechos pretéritos”. 

Todas esas emociones sumadas a las celebraciones religiosas y populares tuvieron un colorido natural y fueron relevantes en forjar su espíritu artístico; motivo por el cual adicionó a sus pinturas el  vestuario colorido de las mujeres, el traje blanco impresionante de los hombres que brindan un espectáculo aparte; además, añadió los instrumentos, el folclor, la música, los ritmos que integran a su gente mayoritariamente afro.
Ese cruce de razas derivó en la diversidad y la grandiosidad de esta parte del pacifico colombiano y dieron como consecuencia a los negros y mestizos, de manera que él estilo musical y las danzas son parte de la riqueza cultural colombiana que tienen orígenes diversos, tales como: las raíces indígenas, la española y la africana quienes introdujeron los tambores y dieron a conocer los ritmos del mapalé. Sus tradicionales elementos y detalles combinados las enriquecen y las hacen únicas convirtiéndolas en distintivo de cada región.

La autora se alimentó de las sensibilidades de la tierra que la vio nacer y en el ínterin de sus primeros años se nutrió del inmenso amor al terruño, del folklore, del vestuario, de los instrumentos, de sus ritmos, de lo que la naturaleza le ofrecía; todo eso coadyuvó a que forjara su espíritu artístico y hoy plasma esas vivencias en su muestra pictórica de una visión interior rica e incisiva.

La cuestión fundamental que plantea en sus obras es la de un país dividido en dos culturas: la negra y la occidental con la necesidad de integrarse en una relación armónica.
Los grandes dilemas, angustias y esperanzas que ese proyecto plantea, son el núcleo de su perspectiva.

Sus obras pictóricas poseen un tono épico, en donde destacan especialmente la naturaleza y las tradiciones culturales conjuntamente con la lucha de sus gentes por su subsistencia. Además, su trabajo refleja descriptivamente las experiencias de su vida recogidas de la realidad del mundo afro-mestizo-andino en la que quiso mostrar toda la variedad de tipos humanos que conforman la región y a la vez resaltar los conflictos determinados por los cambios que se originan en las poblaciones del pacifico colombiano.
La circunstancia especial de haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la afro, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender la compleja realidad del negro con la que se identificó de una manera intensa.
Un agradecimiento especial al fotógrafo Germán Nieto de Ávila y al Instituto Popular de Cultura quienes le ayudaron con material y logística a recopilar fotos de los eventos culturales que le permitieron aglutinar todos estos elementos para elaborar sus diseños y plasmar su creación artística en oleo, acuarela y carboncillo.
Elizabeth Arias, seguidora de Leonardo Da Vinci, de Miguel Ángel Buonarroti, de Paul Gauguin y un crisol de colores de misterio perturbador que toca el alma.
La autora  se ha asimilado a la cultura neoyorquina en un nivel relativamente alto, pero goza plenamente de las tradiciones y del acervo cultural de su pueblo, de la pureza autentica de su gente.
Es una mujer que a  pesar de haber caminado por muchos años por las calles de New York paseando su acento alegre, sus trabajos visuales como diseñadora grafica, sus muestras pictóricas absolutamente de una gran belleza, no ha dejado de ser hasta la medula, una colombiana embajadora de sus raíces.
Finalmente, quiero enfatizar una anécdota de la autora que dice: “en una zona del Pacifico en “Ladrilleros” para ser más exactos, en una tarde de lluvia mientras pintaba un paisaje cercano, me privilegiaba con gratos sorbos de una bebida estimulante sin presagiar que el abrazo tibio de la nostalgia y el brindis existencial colaboraron a concluir unos de mis trabajos favoritos en acuarela, motivo por el cual titulé: “Entre Lágrimas y Aguardiente”.
Elogio a Elizabeth Arias Ojeda, la artista plástica, auténtica embajadora de su amada Colombia. Aplausos para ella.
                      Arturo Ruiz-Sánchez
                 New York, Noviembre, 2014
                  www.arturoruiz-sanchez.blogspot.com