viernes, 1 de marzo de 2013

MARZO

Marzo se deshizo del invierno. 
Secando el ropero al sol y lavando en el arroyo de los colores.
Tendió la ropa de sus días sobre el hilo de tender formado por el horizonte, tendió primero la ropa blanca de principio de mes.
Así tendió las primeras gotas de rocío, que convirtió en pequeños brotes tiernos.
Tendió las miradas que regresan del frío, y también las incipientes florecillas.

Después sacudió las prendas más gruesas, las que te acercan al calor de los recuerdos, y para ellas utilizó alfileres de trigo, de vida y pasión…

Y así marzo llegó a tender al día quince, la ropa más delicada y suave, la ropa de seda, de satén.

Y llamó a los pájaros que se posaron pacientes, y aleteando secaron la colada con brisa de amaneceres.

Después, en la segunda parte del mes utilizó los rayos del sol para la ropa más oscura… la del trabajo, la ropa del sudor del inmigrante, la de las manos ásperas, y el corazón inmenso.

Aquella que quería ir más lejos, por veredas abiertas en la mirada de sus noches claras de luna. Aquella que se quedó sin embargo, prendida de los surcos, regados de sudor y lágrimas.

Tendió por último, los pañuelos que llegan a abril. Para entonces vivía de recuerdos, y se detuvo a pensar; si fuera más joven, mi ropa más nueva, llegaría con promesas de tender en las nubes, sobre el viento.
  
 Abriría la voz inolvidable de la primavera, sin promesas de flores que duren un día. Marzo terminó de tender, sin ropa que secar, sin mentiras, sin promesas de reformas, sin metáforas eternas, sin fronteras…

 Y se despidió con la voz de otro aguacero; pero observó antes de decir adiós,
 como los inmigrantes se hundían en el aroma de la tierra mojada,
 y les cobijó…

Arturo Ruiz-Sánchez/SUSPIRO Y SOMBRAS.